domingo, 10 de junio de 2018

Se publican en este blog los comentarios previos a los cantos de la Divina Comedia, de Dante Alighieri, escritos para la lectura colectiva de la obra dantesca en la red social Twiter, desde el 1° de enero de 2018 al 10 de abril de 2018. Las secuencias completas aparecerán en orden inverso al pulsar los enlaces "Infierno", "Purgatorio" y "Paraíso". La primera entrada de cada libro debe buscarse abajo.
Se permite la reproducción citando la fuente

El Editor

lunes, 9 de abril de 2018

PARAÍSO XXXIII - LA LUZ Y LA MIRADA

La discusión acerca del canto final de Paraíso gira en torno a qué vio Dante cuando vio a Dios. No menos interesante es cómo culmina su relación con la luz, que ha sido tema de sus miradas desde el Purgatorio.

*

Dante y San Bernardo pronuncian una plegaria a la Virgen pidiendo que ella misma ruegue para que Dios conceda a Dante la potencia de verlo.
Se elevan hacia Dios no solo los ojos de María, madre e hija de su hijo, según reza San Bernardo, sino también los de Beatriz que une sus manos en su más fervorosa oración.
La luz se abre y Dante puede verla. Ya a los pies de la rosa le fue otorgado el don de mirar la luz de frente, al lavar sus ojos en la onda de la gracia. Pero ahora la visión tiene un carácter particular: pareciera que Dante enceguecería si dejara de enfrentarla, al revés de lo que ocurría antes, que se cegaba al mirar las luces del Empíreo:

Creo, por la agudeza que he sufrido
del vivo rayo, me habría perdido
si mis ojos de él hubiese quitado.

Y me recuerdo que fui más atrevido
por esto en sostenerlo, tal que fundí
mi mirada con el valor infinito.

El siguiente fenómeno es que Dante asiste a una especie de punto absoluto -como en el legendario aleph- en el que todos los puntos convergen:

¡Oh abundante gracia por la que asumí
adelantar la vista en la luz eterna,
tanto que consumí la visión entera!

En su profundidad vi que se interna,
ligado con amor en un volumen,
lo que en el mundo se desencuaderna:

sustancias, accidentes y sus hábitos,
casi confundidos todos, de modo
que lo que digo es una simple lumbre.

La forma universal de ese alto nodo
creo que vi, porque cuanto más hablo,
diciendo de esto, siento que más gozo.

Y la principal cuestión viene enseguida: ¿cómo es quien preside la encuadernación de ese volumen? Las esferas a las que refiriere son -no pueden ser sino- la Trinidad. La disposición de esas esferas es tal que una se mira en la otra como un ojo en el iris de otro, pero a su vez reflejan la llama que arroja la tercera:

En aquella profunda y clara esencia
de la alta luz, tres círculos veía
de tres colores pero igual medida;

y como iris del iris, uno de otro
parecía reflejo; el tercero, fuego
que exhalaba igual hacia un lado y el otro.

Y cuando más se empeña la mirada de Dante en ver más, logra vislumbrar en uno de los círculos una figura humana, lo cual no deja de ser lógico puesto que una de las personas de la Trinidad es Cristo:

Aquella circunferencia así concebida
como si fuera en ti resplandor reflejo
y por mis ojos fue un poco recorrida,

dentro de sí, de su propio color,
pareció pintada de nuestra efigie:
mi vista toda en ella había puesto.

Se entiende pues que la circunferencia que refleja a la otra como un ojo el iris de otro, es el Hijo.
Visto el gran y último dispositivo, Dante quiere ver más aún, como el geómetra, dice, que por más que piensa no encuentra la cifra de la medida de un círculo. ¿Qué es lo que quiere ver? Lo dice:

... ante esa vista nueva:
quería ver de qué modo conviene
la imago en el círculo, y cómo indonda.

Sabemos que "indonda" es una invención verbal de Dante para decir "se ubica en un lugar" o más precisamente, "se hace un dónde". Convenire, el otro verbo, está usado etimológicamente, como muchas otras veces: concurrir, venir simultáneamente con otro, converger. De manera que Dante quiere saber cómo el círculo de la luz divina es a la vez el hijo de carne y hueso. Aquí confiesa que no pudo porque un fulgor golpeó en su mente. Y Dante se abandona a sí mismo allí, en el punto en que su deseo y su voluntad de saber giran como las propias esferas celestes. El libro se cierra, igual que los otros dos, con la palabra "estrellas".

*
Si se recuerda, Dante ha contemplado las escenas del Infierno como un espectador, en algunos casos imposibilitado de acercarse a los reos por el fuego o el aceite hirviente. Algunos se acercaron a él, otros prefirieron no hacerlo. En el Purgatorio estuvo más cerca de las almas, al punto de que muchas veces estas se le hicieron fastidiosas porque se agolpaban para pedirle que trasmitiese en la tierra el pedido a sus parientes de que rezaran por ellos. Pero a la vez empieza en el Purgatorio el acercamiento de Dante a las figuras celestes y a la luz del Paraíso. Allí le es imposible sostener la mirada sobre el rostro de los ángeles. En el Paraíso, puede ver las luces que son la sustancia de las almas, a veces llamadas así, sustancias. Se empeña inútilmente en ver sus cuerpos: las almas son luz. Solo San Pedro tiene el gesto humano de abrazarlo, sin que sepamos cómo se produce esto materialmente. En el Empíreo, la luz lo vence si quiere mirar de frente y al final sucede lo que hemos visto: logra, por gracia divina, verla. Lo que no logra es penetrar en su secreto. La luz, aún en los tres círculos, es un "en sí" impenetrable por la razón. Sólo puede ser vista y apenas dicha: "una simple lumbre" de ella es la palabra. La luz, en términos físicos, es energía. Sobre ella saben algo los científicos modernos, pero no todo. La paradoja es que lo que aún se ignora sobre la energía, se ignora en la misma proporción sobre la materia. Exactamente en ese punto, en el punto en que nos deja -y queda- Dante es donde estamos hoy respecto de nuestra carrera de conocimiento.

domingo, 8 de abril de 2018

PARAÍSO XXXII - LAS GRADAS

Afróntenlo: el XXXII es el menos interesante de los cantos del Paraíso. No solo porque ya no está la sonrisa de Beatriz, sino porque solo queda por explicar quiénes y por qué ocupan los estrados de este anfiteatro presidido directamente por Dios.

La tarea está ahora en manos de San Bernardo y este comienza por señalarle a Dante el lugar que ocupa Eva, la primera madre, si bien pecadora, redimida por decisión celeste -en este caso, arbitrada por Dante-. Como en el caso de Adán, se supone que los padres de la humanidad fueron santificados por el sacrificio de Cristo (cordero de Dios que lava los pecados del mundo). La doctrina de San Bernardo decía que entre una y otra venida de Cristo -la primera en Palestina y la que se producirá en el Apocalipsis- hay una tercera venida, secreta, que obra salvando según su voluntad; puede eso comprobarse aquí no solo en la salvación de Eva, sino de las hebreas anteriores a Cristo y aun de los niños no bautizados, por obra debida a sus padres. Dios ha separado a las almas de los que creyeron cuando Cristo no había llegado y de los que creyeron en él cuando llegó. Si se entiende por creencia la que tiene el pueblo judío en la llegada del mesías, todos los creyentes del Antiguo Testamento están salvos. Pero la elección no parece ser esa, sino la de equivalentes a santas cristianas, porque con ellas se enumeran, aunque divididas según el antes y el después del Sacrificio. Se entiende que son todas las progenitoras de la estirpe de Cristo.

"De esta parte, donde está más madura [la rosa]
de todas sus hojas, fueron sentados
quienes creyeron en Cristo venidero;

"del otro lado, donde son cortados
por vacíos los semicírculos, están
aquellos que vieron a Cristo llegado;

"y como allí el glorioso escaño
de la dama del cielo [María] y los otros
debajo de él hacen el corte,

"de igual modo, está enfrente el gran Juan [el Bautista],
que, siempre santo, desierto y martirio
sufrió, y luego el infierno, por dos años;

"y debajo, como les tocó al cernir,
Francisco, Benedicto y Agustín
y otros hacia abajo, círculo a círculo.

"Contempla el alto proveer divino:
uno y el otro aspecto de la fe,
igualmente deleitan el jardín.

Uno y otro aspecto de la fe significa tanto el de la fe más ardiente en Dios como el de la fe en el Padre y el Hijo.

La explicación teológica que expone Dante acerca de la elección de niños y adultos antiguos para ocupar las gradas de la rosa mística es esta:

"Bastaba en las centurias germinales
la inocencia, para tener salud,
y solamente la fe de los padres;

"cuando se cumplieron aquellas edades,
convino a los machos, aún en plumón,
circuncidar, para adquirir virtudes;

"pero cuando llegó la era de la gracia,
sin el bautismo consumado en Cristo,
tal inocencia allá abajo se retuvo.

*

Dante puede contemplar a la Virgen y al arcángel Gabriel que le anunció el Nacimiento.
La parte final del canto está destinada al anuncio de que Dante podrá ver a Dios. Para que tal cosa sea finalmente concedida, deberá elevar una plegaria a la Virgen.

PARAÍSO XXXI - LA GLORIA DE BEATRIZ

Dante termina de ver la arquitectura de la "rosa cándida" y, en un sentido, pierde a Beatriz y, en otro, a tal punto la eleva que puede entenderse como consumado su máximo objetivo poético: llegar al más alto grado de sublimación que se podía lograr en lengua romance.
El célebre pasaje en que Dante se da cuenta de que Beatriz no está a su lado, ha sido interpretado melancólicamente como el de la pérdida de Beatriz, lo cual es cierto, pero solo si pensamos en la Beatriz terrenal. Esta la había enterrado ya Dante en la vida mundana, y todo un libro, la Vita Nuova, lo había dedicado a contar su sublime amor.
En el Paraíso, Dante ha perseguido la mirada de Beatriz, se ha extasiado en ella y ha llegado a comprender que no es otra cosa que la expresión de la dicha eterna. Con lo cual, vuelve a perder a la hija de Folco Portinarti y a ganar a Beatriz para siempre.

*

Dante ha construido un mundo "más que humano", la Comedia, para convertir a su chica terrenal en el reflejo de la dicha celestial. Su obra de sublimación está concluida. De todos modos, esta consumación es una segunda despedida y el impacto queda dicho cuando ve en el lugar de Beatriz a Bernardo de Claraval, fundador de la orden del Císter y uno de los más aguerridos y más locuaces defensores de la Iglesia como pueblo armado (fue quien redactó la regla de los Templarios), que aquí tiene un aspecto de plena beatitud:

La forma general del paraíso
toda la comprendía mi mirada,
en parte alguna aún mirando fijo;
y me volví con ansia renovada
de preguntar a mi dama las cosas
en que mi mente estaba suspendida.
Una quería, y me respondió otro:
creí ver a Beatriz y vi a un anciano
vestido como los demás gloriosos.

El "creí ver a Beatriz y vi a un anciano" es un verso tremendo, pero, en cierto modo, Beatriz no es diferente a ese anciano, que representa, como ella, la santidad más alta.
Y no es menos emocionante el agradecimiento de Dante en la oración que eleva a Beatriz, entre elegía, loa y esperanzado deseo de reunirse con ella en el Paraíso:

De siervo me trajiste a libertad
por todas esas sendas, por los modos
sobre los que mantienes privilegios.
Tu magnificencia en mí custodia,
tal que mi alma, ya hecha sana,
se desate del cuerpo por tu gracia

Y aquí es cuando Beatriz sonríe tan cercana como lejana -cercana pues ha dicho Dante que a pesar de la lejanía su imagen la veía nítida y pura-:

Así recé; y aquella -tan lejana
parecía- sonrió y volvió a mirarme;
luego el rostro volvió a la fuente eterna.

Esa sonrisa de Beatriz sobre la que tanto se ha escrito es asimismo su agradecimiento. ¿Qué virtud la llevó a un alto sitial en la rosa mística sino la que Dante cantó? ¿Qué Beatriz habría ascendido a la rosa sino la que Dante hizo? 

Esta segunda muerte de Beatriz es la segunda de aquella Beatriz florentina que amó Dante sin conocerla. Esta sonrisa es melancolía por ella y suma culminación del amor terrenal y místico. Una suerte de orgasmo.

viernes, 6 de abril de 2018

PARAÍSO XXX - LA ROSA MÍSTICA

Se apaga el espectáculo de las jerarquías angélicas y Dante presiente que se agotan sus posibilidades de expresar la belleza de la mirada de Beatriz porque esta no le pertenece, no es humana: tiene ya otra substancia.

De este trance vencido me declaro
como nunca, en punto de su tema,
superado fue autor cómico o trágico:

como mirada que en el sol más tiembla,
así al recordar su dulce sonrisa,
mi mente de mí mismo se estremece.

Desde el primer día en que vi su rostro
en la vida, hasta aquella mirada,
no fui nunca de mi cantar privado;

pero ahora preciso es que desista
seguir su belleza, poetizando,
como el último soplo de un artista.

Dante asiste a la "fiesta" de flores y chispas que forman el río de la gracia. Los comentaristas suelen interponer aquí la interpretación canónica de que las orillas del torrente son los dos testamentos (el Antiguo y el Evangelio), las flores son las almas de los justos y las chispas son los ángeles, etc. Lo cierto es que la imagen visual se impone antes que la interpretación como una de las, precisamente, más visuales de la Comedia, que está llena de ellas.

y vi luz con una forma fluvial
dorada de fulgor, entre dos orillas
pintadas de admirable primavera

De tal riada salían unas chispas vivas,
que de todas partes iban a las flores,
como rubí que al oro circunscribe;

luego, como embriagadas de los olores,
regresaban al admirable abismo;
y no bien una entraba, otra salía.

Siendo la imagen imperfecta para el gusto de Beatriz -"prefacios" oscuros, debido a la falta de ajuste de los ojos de Dante- quizá esté en su "imperfección", en su impresionismo, el mérito. Dante lavará sus ojos en esa sustancia y la visión se le hará mucho más clara, ya sin impedimentos.

*

Ahora Beatriz le promete que verá las "blancas estolas", esto es, las almas de los salvados ya para el Juicio, que en la visión del apóstol Juan llevan tales túnicas.
Del otro lado está el comienzo de la rosa mística, un anfiteatro en espiral cuyos asientos son o serán ocupados por las grandes almas, que ya son muchas ("mira nuestros escaños, tan repletos / que poca gente más aquí se anhela", le dice Beatriz). La rosa se ubica como una fabulosa espiral por sobre el cielo del "motor primero", el noveno cielo agregado por la teología al esquema planetario de Ptolomeo, que toma la energía de ella:

vi espejarse, en más de mil escalones,
a cuanto allá ha retornado de nosotros.

Beatriz le muestra que sobre uno de los escaños está la corona del desafortunado Enrique VII, el emperador que despertó gran expectativa en Dante durante su exilio. Coronado en Milán, no logró sin embargo imponer su poder sobre Roma, que intrigó contra él hasta su muerte en 1313. De todos modos, el Papa que lo traicionó, Clemente V, aliado del rey francés Felipe el Hermoso (ver penúltimo canto del Purgatorio), ya es esperado en el Infierno, le señala Beatriz.

jueves, 5 de abril de 2018

PARAÍSO XXIX - ÁNGELES Y CHARLATANES

Beatriz vuelve a poner sus ojos en la comtemplación y su cara se ilumina otra vez, mientras Dante calcula el tiempo que pasa mediante la comparación con el lapso en que el Sol y la Luna están sobre horizontes opuestos: esto es, el breve momento en que uno o la otra asoma y uno o la otra se pone.
La persecusión de los ojos de Beatriz es en sí misma un relato en el Paraíso. Cuando Beatriz no mira a Dante, está casi siempre sucediendo una revelación, y casi siempre a continuación sigue un comentaro doctrinal de Beatriz.

En este caso, Beatriz ha contemplado los coros de los ángeles que giran en nueve círculos alrededor de Dios. Sin que Dante pregunte, ella toma la palabra para aclararle que los ángeles fueron creados junto con todo, y no antes, como sostenían algunos padres de la Iglesia.

Beatriz comienza diciendo que no existe el tiempo fuera del tiempo: fuera del tiempo sólo está Dios:

"en su eternidad afuera del tiempo,
y de todo entender, como le plugo,
se abrió en nuevo amor el amor eterno.

"No porque antes él tórpido yaciese;
que ni antes ni después se desenvuelve
el discurrir de Dios sobre estas aguas.

Es de hacer notar que la argumentación que enseguida desarrolla Beatriz no tiene otro fundamento que su apariencia de más probable y más lógica, contra la de quienes sostuvieron, como San Jerónimo, que hubo un tiempo de ángeles antes del tiempo de la materia. Beatriz menciona la razón en apoyo de su tesis (que es la de Tomás de Aquino):

"y aún la razón le hace su advertencia,
que no concederá que los motores [los ángeles],
sin su perfección, fueran terminados.

Este es el único argumento que en realidad respalda la idea de la creación del todo en un solo acto y en tres formas (como resume Beatriz): la alta (la de los ángeles), la intermedia, que es el género humano, y la baja, que es el resto.
De total de los ángeles, que pueden ser millares o millones, tantos que no tiene sentido saber el número, un grupo se rebeló y cayó, como Dante ya sabe y conoce en persona.

*

La escolástica media se entretenía sin embargo en otros interrogantes, como por ejemplo si los ángeles tienen memoria (que es lo mismo que discutir si tienen espalda o de qué sexo son). Además de argumentar que no necesitan la memoria porque viven de frente a la verdad, Beatriz golpea aquí ferozmente a los charlatanes:

"Ustedes no van por la misma vía
filosofando, ¡y es que los transporta
amor por la apariencia [la figuración pública] y por pensarla!

Beatriz avanza hasta que casi podría decir, parafraseando el Evangelio, "a la ciencia lo que es la de la ciencia y a Dios lo que es de Dios", cuando juzga como una chapuza la leyenda de que un milagro oscureció el cielo en el momento en que murió Cristo:

"Uno dice que retrocedió la luna,
en la pasión de Cristo, y se interpuso
para que no alumbrara la luz del sol;

"y miente, porque la luz se escondió
por sí; y a los españoles y a los indios,
como a los judíos, oscureció el eclipse.

"No hay en Florencia tantos Lapos y Bindos [eran sobrenombres muy comunes]
cuanto tantas fábulas cada año,
desde el púlpito gritan a todos lados;

Y finaliza su admonición dirigiéndola a quienes, por las cosas que dicen, parecen bromear:

"No dijo Cristo a su primer concilio:
'vayan y prediquen al mundo bromas';
sino que les dio fundamento serio;

"y este tanto sonó entre sus mejillas,
que en el pugnar por encender la fe
evangélica, fueron lanza y escudo.

"Ahora se va con motes y con chistes
a predicar y, para que bien se ría,
se hincha la capucha y más no se requiere.

"Pero tal pájaro en la capucha anida,
que, si el vulgo lo viese, podría ver
esa absolución en la que confía;

Hacia el final, Beatriz dice que todas estas charlatanerías "engordan el cerdo de San Antonio". El santo fundador de la vida ermitaña solía ser representado con la compañía de un cerdo, como si este fuera su mascota. Para algunos, la expresión de Beatriz es solo despectiva (hacia los falsos predicadores); para otros, y dado que la presencia del cerdo junto a San Antonio fue motivo de inútiles discusiones, Beatriz alude a los absurdos teológicos que solían propagarse sin cuidado; para quienes creen que Antonio domesticó al demonio, este cerdo es el diablo que se alimenta con el mal que diseminan los falsos predicadores. Como sea, es esta otra diatriba de Beatriz contra la corrupción de la Iglesia y quizá manifieste el temor de Dante por un estado tal de decadencia que pudiera llevar a la disolución. En ese sentido puede decirse que la escolástica, la orden de los "frailes menores" y otras órdenes monásticas (Dante admiraba a Francisco y a Domingo) trataron de hacer más sólida la doctrina - y con ella la autoridad de la Iglesia-, junto con el fortalecimiento de los lazos con los creyentes comunes. La propia Comedia es incluso parte de ese proyecto.

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miércoles, 4 de abril de 2018

PARAÍSO XXVIII - EL PRIMER MÓVIL

El canto XXVIII es el de la transición entre dos sistema que se mueven en espejo. Dante no percibirá de entrada que ha abandonado el orden del universo "sensible" (material) para entrar en otro orden, que se rige por principios opuestos a los del universo sensible. Si no hubiese sido tomista y no hubiese pretendido llevar la lógica hasta las esferas situadas más allá del universo que los astrónomos entonces entreveían, este canto no habría sido necesario. Pero Dante no elude el desafío de explicar cómo el mundo material y el espiritual tienen estructuras simétricas. Pone en boca de Beatriz -no debemos olvidar que ella representa la Teología- una explicación breve y contundente. El extraordinario desafío teológico que implicaba poner en concordancia el mundo de arriba con el de abajo será resuelto de modo metafísico pero con lógica irreprochable, la cual permite que ambos mundos estén en relación casi física. Donde Dante pone el amor (o el poder beatífico de la visión de Dios) la física pondrá, siglos después, la fuerza de gravedad. Es realmente asombroso comprobar que la intuición religiosa de los teólogos en que se apoya Dante había descrito somera pero eficazmente el motor que determina el movimiento de los sistemas. En este canto, dos sistemas con distintos centros son contiguos y continuos, y uno recibe la influencia del otro.

El canto anterior, Beatriz, en un solo terceto, había descrito así esta interrelación:

y cómo el tiempo tiene en este tiesto
sus raíces, y en los otros las frondas,
ya puedes verlo claro y manifiesto.

Una historia del tiempo poéticamente comprimida.

*

En el comienzo del canto Dante está de nuevo embelesado por los ojos de Beatriz, hasta que advierte el resplandor que la acompaña como el que en un espejo ve la luz que alguien esconde tras la espalda. El espejo tal vez no fue mencionado aquí casualmente. Dante ve en  los ojos un reflejo, y tratándose de la Teología esto es significativo. Enseguida, Dante comprobará que un mundo es como el espejo del otro, de modo que muestra derecho lo que en el otro es zurdo.
El punto luminoso que llama la atención de Dante es muy brillante, pero tan pequeño que "una estrella que pareciera chica / desde aquí abajo, luna sería allá, /si estrella junto estrella se coloca". "De ese punto, dice Beatriz, "dependen el cielo y la naturaleza": es Dios; y tanta y tan brillante es su lejanía. En torno a él brillan nueve círculos luminosos.
Dante sabe  que el cielo del Primer Motor, que contiene a todos los cielos astronómicos ya visitados, gira más velozmente que los otros cielos porque es el más próximo a Dios. Se asombra de  que en el nuevo sistema el cielo más cercano a Dios, que es el centro, sea el más veloz, mientras que los cielos de los planetas son más rápidos en tanto más se alejan de su centro, la Tierra. Beatriz le descubre la índole inversa del universo al que acaban de entrar:

"Los círculos corpóreos son más amplios
o más cortos si es mayor o menos
la virtud que se extiende por su espacio.

"Mayor bondad quiere mayor salud;
mayor salud en mayor cuerpo cabe,
si igualmente compuestas son sus partes.

"Entonces, este [el noveno cielo] que entero contiene
en él otro universo [el universo de Ptolomeo]
corresponde al cerco [esfera] que más ama y que más sabe;

Estamos en el comienzo de otro universo cuyo centro de gravedad es Dios y no la Tierra. El cielo que gira más rápido respecto de la Tierra no es el que gira más rápido respecto de Dios. Es el que gira más lento. Este este el límite y el encuentro de los dos universos.

Los círculos que giran en torno de la estrella más lejana que a todos mueve, pero no es movida por ninguno, constituyen la jerarquía de los ángeles. Los primeros tres, más cercanos a Dios, son los de los Serafines, Querubines y Tronos; les siguen los de las Dominaciones, las Virtudes y las Potestades (Beatriz las llama "diosas"); de los tres restantes, dos son los de los Principados y los Arcángeles; el otro "es todo juego de Ángeles".

"Lo más alto admiran estos órdenes,
y es tanto abajo su poder que, siendo
a Dios atraídos, a los otros atraen.

Si Dante hubiese sabido que la Luna gira en torno de la Tierra y esta en torno al Sol, habría tenido un modelo bastante adecuado para representar este juego de movimientos y atracciones.


Dante cierra el canto citando -por boca de Beatriz- sus fuentes:

"Y Dionisio [Dionisio Aeropagita] fue por tanto deseo 
movido a contemplar estos órdenes,
que los nombró y distinguió como yo.

"Pero de él luego se apartó Gregorio [San Gregorio Magno];
y por eso no bien abrió los ojos
en este cielo se rio de sí mismo.

"Y si tanto secreto cierto dijo
un mortal [San Pablo] en la tierra, no te admires:
el que aquí lo vio quiso descubrirlo,
con mucha otra verdad de estos lugares".

martes, 3 de abril de 2018

PARAÍSO XXVII - LA IRA DE LOS CELESTIALES

En este canto, Pedro enrojece tanto que se diría que su cara toma el color de Marte, el planeta rojo y dios de la guerra, para apostrofar a los que usurpan su trono en la tierra.
Suena de nuevo en el cielo el discurso político.
Contrasta la invectiva con el gran sentimiento de placer que Dante expresa en la estrofa anterior:

¡Oh dicha! ¡Oh inefable alegría!
¡Oh vida íntegra de amor y de paz!
¡Oh, sin ansia, segura riqueza!

Pedro se adelanta aquí y comienza:

... "Si yo me transcoloro,
no te asombres, que pronunciando yo,
verás transcolorar a todos estos.

"Aquel que usurpa en tierra mi lugar,
aquel lugar mío, que está vacante
de la presencia del Hijo de Dios,

"hecho ha de mi cementerio cloaca
de sangre y fetidez; donde el perverso
que cayó de aquí, allá abajo pasta".

El discurso es duro y cuenta -como dice Pedro- con la aquiescencia del cielo, que se tiñe del color del crepúsculo. La propia Beatriz enrojece.
Pedro cita a los primeros papas mártires -como él mismo lo fue- para aludir de inmediato a las facciones en que se divide Italia, una a la derecha y otra a la izquierda del Papa. Luego nombra a dos papas de la época, Clemente V y su sucesor, Juan XXII, ambos franceses, mediante plurales genéricos (cahorsinos y gascones).El denostado Clemente V, de Gascuña, es ya esperado en el octavo círculo del Infierno. Con él, la sede del papado se trasladó a Avignon, episodio representado en la cima del Purgatorio, dentro de la gran alegoría sobre la decadencia de la Iglesia.
Enseguida, Pedro alude a un salvador, al que enmascara en la figura de Escipión, llamado el Africano luego de que venció en 202 a.C. al cartaginés Aníbal en su propio territorio. De allí que Dante convierta su figura en símbolo de su esperanza, tantas veces manifestada a lo largo de la Comedia desde la mención del Lebrel en el primer canto: la de un líder civil que hunda el poder del papado.

*

Después de que Pedro, Santiago y Juan se marchan con Adán, Beatriz toma la posta. Comienza preparando a Dante para la visión del Empíreo, pero enseguida sigue el tema de la ambición y la corrupción que reinan en la tierra. Sus palabras no son menos duras que las de Pedro y abarcan a todos los humanos, no solo a los clérigos:

"Fe y la inocencia sólo son halladas
en los párvulos; luego huye cada una,
antes que se les cubran las mejillas.

"De suerte que, balbuceando, ayunan,
pero pronto devoran con lengua suelta
cualquier comida bajo cualquier luna;

"y así, balbuceando, aman y escuchan
a su madre, y ya con el habla entera,
desean bien pronto verla sepultada.

Pero el canto también termina con la predicción de un salvador, iluminado por el cielo, que "hacia la proa volverá la popa".

lunes, 2 de abril de 2018

PARAÍSO XXVI - ADÁN

El apóstol Juan no pierde el tiempo, y sugiere que mientras espera que vuelva la vista, Dante vaya respondiendo algunas preguntas. Son de tipo doctrinario como las que formularon Pedro y Santiago en los cantos anteriores.
Dante dice de entrada que el amor es el principio y el fin de las escrituras. Al responder sobre el amor, está respondiendo sobre la caridad, que es la tercera de las tres virtudes teologales y que la tradición identifica con Juan. Caridad y amor son para Dante términos intercambiables. Aunque muchos caminos separados puedan recorrer uno y otro, la fuente es la misma.

El bien que hace contenta a esta corte,
Alfa y O es de cuantas escrituras
leen el Amor en mí, leve o fuertemente.

El bien y el amor son valores parejos, dice Dante, y señala que el corazón que ame debe dirigirse a la fuente del bien, pues las otras sendas del amor no son sino reflejos del bien esencial:

Y a la esencia, donde hay tanta abundancia
que todo bien que está fuera de ella
no es sino un resplandor del mismo rayo,

conviene que se encamine, más que alguna otra,
la mente, amando...

Le lectura de las Escrituras que hace Dante se explica sólo a partir del sacrificio de Cristo, pero él la lleva al libro del Génesis, enlazando con la doctrina del amor el Antiguo Testamento:

Tal verdad ante mi intelecto expone
aquel que me demuestra el primer amor
de todas las sustancias sempiternas.

La expone la voz del veraz autor,
que le dijo a Moisés, de sí hablando:
Yo haré que veas el valor más alto,

Dante declara, ante la insistencia de Juan, que desde la Creación hasta el Sacrificio todo es deuda con Dios, y que esto lo ha llevado a devolverle amor y a escapar del "amor errado", a lo que todo el cielo hace coro a Beatriz cuando esta exclama: "¡Santo, santo, santo!"

*

Sigue la aparición de Adán en la cuarta llama que se une al grupo.

En la conversación con Dante, el "padre antiguo, de quien cada esposa es hija y nuera", declara que el idioma que se habló en el Paraíso fue su creación, y era uno solo. La construcción de la torre de Babel que la tradición atribuye al bíblico Nemrod (a quien a su vez Dante atribuye cuerpo de gigante y lo pone en la Fosa de los Gigantes que circunda el último giro del Noveno Círculo del Infierno) destruyó aquella lengua arcana. Sólo una pista ofrece Adán de nuestra lengua perdida: si esta existiera, Dios sería llamado I, la I latina que también representa el número uno, símbolo de lo no separado, esto es, Dios y los humanos. La religión y la alquimia han querido restablecer esa unicidad central.
Como ha dicho el poeta Leopoldo Marechal, "con el número dos, nace la pena".

*

Adán revela el tiempo que tardó en pecar en el Paraíso, en la estrofa final:

En el monte que más se eleva de la onda 
estuve, entre mi vida pura y deshonesta,
de la primera hora a aquella que secunda, 
cuando el sol muda cuadrante, a la hora sexta.

Adán permaneció en el Edén - que Dante ubicó en la cima del monte del Purgatorio- desde la primera hora del día a la séptima (la que "secunda" a la sexta cuando el Sol abandona el primer cuarto del cuadrante). Según la tradición, ese fue el breve tiempo que demoró en pasar de la inocencia al pecado. Desde las seis a las doce.

domingo, 1 de abril de 2018

PARAÍSO XXV - LA DANZA DE LOS TRES APÓSTOLES

Dante responde en el XXV del Paraíso sobre otra virtud teologal, la esperanza.
Antes, reflexiona brevemente sobre su obra y menciona el exilio que está sufriendo y su deseo de volver a Florencia para coronarse con laureles. El hecho de que indique el baptisterio como sitio de coronación podría encubrir también una misión de tipo religioso:

con otra voz ya, y con otro vello,
regresaré poeta, y en la fuente
de mi bautismo tomaré sombrero [cappello, en el original]

 El que lo interroga esta vez es el apóstol Santiago, quien entra en la escena y se saluda con Pedro como un palomo lo hace con otro:

Así como se le acerca el palomo
a su compañero y los dos expresan,
girando y arrullando, el afecto,

así vi yo el uno por el otro grande
príncipe glorioso ser recibido,
loando el alimento que los nutre.

Dante vuelve a cegarse, pero los apóstoles le permiten elevar la vista hacia ellos.

*

La idea de "milicia de Dios" se refuerza en este canto:

"La Iglesia militante ningún hijo
tiene con más esperanza [que Dante], y está escrito
en el Sol que irradia nuestro número;

"pero aquí le es concedido que de Egipto
vaya a Jerusalén para entender, 
ante que militar le sea ordenado.

El lenguaje elusivo, que se hace más y más denso en la segunda mitad del Paraíso, indicaría aquí que a Dante le fue permitido subir al cielo para que se instruya y se convierta quizá en líder. La tarea de reclutamiento de Beatriz queda más clara.

*


Dante responde sobre el carácter de la esperanza, una vitud que proviene de mirar como cierta la gloria divina en el futuro. Esta mirada firme es la misma que le pidió Santiago recién y la que, en tanto se espera, produce el mérito del buen creyente.

Dante dice que la esperanza la sintió primero al leer los salmos de David, "el sumo cantor del sumo duce", entendiendo duce aquí como conductor. Luego, reforzó esta virtud leyendo la epístola canónica del propio Santiago.

*

Una tercera luz entrará en la danza, y Dante la compara con una novicia virgen que baila para celebrar, no por falta de respeto. Es la luz de Juan, el más joven de los apóstoles, quien estaba reclinado sobre el pecho de Cristo en la última cena, cuando Cristo anunció que sería traicionado por uno de sus doce discípulos. La imagen de Juan sobre el pecho de Jesús es la que mueve a Beatriz a compararlo con la cría del pelícano, a la que la madre -según la leyenda- alimenta con su sangre cuando no encuentra alimento.

Producto del afán de desmentir otra historia popular -que Juan fue arrebatado por un águila y ascendió de cuerpo y alma al Paraíso- es que Dante vuelva a quedar ciego, porque mira hasta encandilarse la llama que envuelve a Juan a fin de ver si oculta o no su cuerpo. Este le explica el error, pero para entonces Dante se vuelve a Beatriz y no la ve, lo cual le produce una conmoción que menciona al cerrar el canto:

Como aquel que mira y se mantiene
al ver eclipsarse el sol un poco,
y, por ver, se queda no vidente,

de igual forma yo ante el último fuego,
mientras oía: "¿Por qué te encandilas
para ver algo que no está presente?

"En tierra es tierra mi cuerpo, y yace
entre los otros, hasta que su número
con el propósito eterno se iguale.

"Con las dos túnicas en el santo claustro
están las dos luces solas que subieron;
y esto tú aportarás al volver al mundo".

Al oírse esto, el ardiente giro
se aquietó un poco, con el dulce coro
hecho al son del aliento entremezclado,

tal como, por amenguar fatiga o riesgo,
los remos que golpearon el agua antes
todos se posan al sonar de un silbido.

¡Ah, qué fuerte se conmovió mi mente
cuando me volví para ver a Beatriz,
y no pude verla, aunque estuviese
cerca de ella, en el mundo feliz!

Las dos túnicas que se mencionan son la del cuerpo físico y la del alma. Sólo dos ascendieron de cuerpo y alma, dice el apóstol, y estos son Cristo y la Virgen, cuyas llamas Dante vio subir dos cantos atrás. El dinamismo de esta escena, en que a la voz sigue el movimiento enceguecido de Dante hacia Beatriz, recupera el estilo de narración de los otros libros de la Comedia.

PARAÍSO XXIV - SAN PEDRO, EL EXAMINADOR

El XXIV del Paraíso es enteramente la narración del examen a que es sometido Dante por San Pedro, a pedido de Beatriz.
Están ante lo que parece la mesa de la última cena de Cristo y los apóstoles, dada la mención al Cordero y su alimento:

"¡Oh compañía electa para la cena
del bendito Cordero, cuyo alimento
es tanto que deja siempre satisfecho,

invoca Beatriz.
Como en los cielos anteriores, las almas se aproximan aquí danzando y una de ellas responde a la petición de Beatriz:

"tienta a este en puntos leves y graves,
como te place, en torno de la fe
por la cual tú, allá, caminaste por el mar.

Dante otorga al diálogo siguiente el carácter de un examen:

Tal como el bachiller se arma y no habla
hasta que el maestro la cuestión propone,
para demostrarla, no para terminarla,

así me armaba yo de las razones,
mientras ella hablaba, para prepararme
a tal cuestionador y a su dictamen.

La cuestión principal del examen es la defensa de la fe desde el punto de vista filosófico. Dante expone el razonamiento escolástico, aprendido de Pablo:

... "Como lo escribió el estilo,
padre, de tu querido hermano
que contigo logró encaminar a Roma,

"fe es sustancia de cosas esperadas
y argumento de las no evidentes

Lo más significativo de este encuentro es que el interrogador sea Pedro, el más firme y también el más inseguro de los discípulos de Cristo: la piedra sobre la que fundó la Iglesia y el que dudó tres veces antes de que cantara el gallo, la noche en que Cristo fue apresado. El miedo pudo sobre él en otro momento que aquí recuerda Beatriz: cuando caminó sobre las aguas del mar de Galilea.
Pedro, el más sencillo de los discípulos, fue al mismo tiempo el más impulsivo y tormentoso. Precisamente Leonardo da Vinci lo representó con la mano ya sobre un cuchillo cuando Cristo anuncia en la última cena que será traicionado por uno de los doce. Pedro, que está más alejado de Cristo, exhorta a Juan para que le pregunte quién es el traidor.
Ahora no es solo poseedor de las llaves del Reino sino también un doctrinal.
Su presencia física y su carácter humano están insinuados por Dante en la última estrofa:

de tal modo, bendiciendo y cantando,
me abrazó tres veces cuando callé
la apostólica luz a cuyo mando
yo había hablado; ¡tanto le agradé

viernes, 30 de marzo de 2018

PARAÍSO XXIII - JESÚS Y MARÍA

El XXIII del Paraíso es un canto de puro esplendor, parte del cual Dante está ciego por el fulgor de Cristo.
Ha subido a la octava "esfera" de la astronomía medieval, la de las "estrellas fijas", y lo primero que nos ofrece es la imagen de Beatriz atenta a la inminente aparición de Cristo, como un pájaro que, impaciente por ir en busca del alimento para su cría, mira hacia el lugar en que sale el Sol.
El resplandor que espera Beatriz aparece y doblega la vista de Dante.

*

Dante se enceguece y no puede ver nada hasta que Beatriz le pide que abra los ojos porque en todo este tiempo ha aprendido a resistirle la sonrisa. Con lo cual indica que será su rostro el que vea. El fulgor de Cristo ya no está.
Recién entonces Dante hace una invocación, que es a sí mismo, en última instancia, ya que las Musas no podrían ayudarlo sino en mínima parte.

Nuevamente vuelve a comparar su canto con una nave. Ya lo hizo al comienzo del Purgatorio y al comienzo del Paraíso. Se excusa esta vez por anticipado del cualquier falla que pueda cometer en su tarea. En su invocación, Dante menciona un "salto" en la narración, con lo que cual confiesa que es imposible representar lo visto y que este canto es, en la totalidad del libro, una sincopa, una nota omitida, donde las palabras -rosa, lirios, corona, zafiro, llama- ni siquiera intentan reflejar la realidad sino sustituirla:

Si ahora sonasen todas esas lenguas
que Polimnia y sus hermanas hicieron, 
con su leche dulcísima más pingües,

para ayudarme, el milésimo de lo cierto
no se vería, cantando la santa risa
y cuánto el santo aspecto iluminaba;

y así, al representar el Paraíso,
le es preciso saltar al sagrado poema,
como quien halla impedido su camino.

Pero quien pensase el ponderoso tema
y el húmero mortal que se lo carga,
no lo repruebe si por el peso tiembla

Es duro lo que debe decir porque aquí no hay figuras. En realidad, se trata todo de resplandores y la única interpretación que cabe es a las analogías verbales. Esto es que Beatriz habla del lugar como de un jardín -el jardín de Cristo- y llama "rosa" a la Virgen y "lirios" a los apóstoles, según la versión más socorrida. Cabe también suponer que la luz que baja hasta María y la corona es el arcángel Gabriel, que le anunció la venida de Cristo como hijo de ella misma.

No hay alusiones a la Tierra, excepto en la comparación del amor de las almas santas por María con el de un bebé que tiende los brazos hacia la madre después de tomar su leche.
María es "llama" y "estrella", no concretamente un rostro. Este es el menos material, quizá, de todos los cantos de la Comedia.

jueves, 29 de marzo de 2018

PARAÍSO XXII - EL FRACASO DE LAS ORDENES MONÁSTICAS

San Benito de Nurcia, creador de la orden de los benedictinos, es quien habla a Dante ahora, al pie de la escalera de Jacob, que se menciona en este canto como tal.
San Benito le dice cuán lejos está la especie humana de subir la escalera de la contemplación, que lleva al último cielo, tanto o más desde que "la regla" de las órdenes conventuales es letra muerta. La regla de los benedictinos, del siglo VI, fue el modelo de todas las otras órdenes. El principio de humildad la ilumina, y es tan minuciosa en lo moral cuanto en lo práctico, pues establece incluso los horarios de comida y sueño de los monjes. Enseña la meditación y el trabajo bajo su lema "ora et labora".
Benito establece una relación directa entre la contemplación y la humildad, como asimismo el papel de primeros en ascender al último cielo -el "duro paso" que dará Dante-. Es por esto que considera peor incluso que la usura el hecho de que los clérigos repartan los bienes de la Iglesia entre parientes y otros, incluso menos dignos, tal vez amantes o concubinas de sus parientes.
Estas ideas que vinculan la pérdida de la capacidad trascendente con la corrupción se hilvanan en pocas estrofas:

"Hasta allá arriba vio el patriarca
Jacob que llegaba la parte superior [de la escalera],
cuando se apareció llena de ángeles. **

"Pero, para subirla, ninguno aparta
el pie de la tierra, y la regla mía
ha quedado para malgastar papel.

"Los muros que solían ser abadía,
se volvieron grutas, y las capuchas
son bolsas de harina condenada.

"Pero la usura tanto no se subleva
contra el placer de Dios, cuanto el fruto
que el corazón de los monjes enloquece;

"porque cuanto la Iglesia guarda, todo
es de la gente que por Dios demanda;
no de parientes ni de otros peores.

Después de este discurso, Beatriz hace que Dante suba la escalera en un vuelo, no sin pedirle que eche una ojeada a los cielos que dejaron detrás. Dante tiene la fortuna de mirar desde la constelación de Géminis, que fue la que presidió su nacimiento, y el aspecto que le ofrece la desgraciada Tierra desde ese punto de vista lo hace sonreír con tristeza.

Con la mirada retorné por todas
las siete esferas, y vi este globo
tal, que sonreí de su vil semblante;

y mejor aquel pensamiento apruebo
que lo tiene en menos: quien lo piensa
de otro modo, se puede llamar probo.

miércoles, 28 de marzo de 2018

PARAÍSO XXI - LA ESCALERA

Ha sido trasportado Dante al cielo de las almas contemplativas, que es el de Saturno. En la mitología romana, derivada de la griega, Saturno es el dios de la eterna primavera, en lo que se conoce como la "edad dorada" que Saturno desterrado creó en el Lacio. Esto es menos importante que pensar en que fue, en realidad, el padre de Júpiter y está situado por encima del cielo de su hijo y más cerca del Empíreo, según la astronomía teológica de Dante.Tal vez esa proximidad es la que hace del cielo de Saturno el de los espíritus religiosos contemplativos.

Un extraño silencio recibe a Dante. El silencio no impide que el recibimiento sea luminoso como en los otros cielos y que además se muestre en este la escalera de Jacob (Genésis, 28) que tanto en la tradición hebrea como en la cristiana simboliza el puente entre el cielo y los mortales. Un puente que solo se puede recorrer espiritualmente.
El silencio se debe a que Beatriz no ha sonreído, según explica la primera luminaria que se comunica con Dante. Ella a su vez había explicado momentos antes que su risa sólo aumentaría la luminosidad, al punto de que se habría hecho intolerable para Dante. Tenemos, si vamos al plano alegórico, que la Teología (Beatriz) no puede aumentar la luz del cielo de la sabiduría contemplativa (el de Saturno) sin hacerlo invisible al ser humano. El significado es que debe la verdad de Dios hacerse comprensible para los hombres a través del puente (la escalera) que el cielo permitió que fuera vislumbrada por Jacob. La Iglesia está llamada a ser esa gran intermediaria entre la alta contemplación y las almas terrenales. La verdad debe llegar por medio de los ministros que la representan. Ellos son en cierto sentido traductores, divulgadores, de la luminosidad irresistible.
El ejemplo de estos pastores es precisamente el que la habla a Dante, Pedro Damián (1007-1071), monje benedictino que fue llamado a ocupar los cargos de cardenal y arzobispo de Ostia, pero siguió igualmente vinculado a los monasterios y predicó el ascetismo, si no la pobreza.
El canto termina con una diatriba de Pedro contra los prelados corruptos a los que combatió en vida.

"Hoy buscan aquí y allá que los provean,
los modernos pastores, y que los lleven,
¡son pesados!, y los sostengan de atrás.

Cubren con sus mantos los palafrenes,
tal que dos bestias van bajo una piel:
¡oh paciencia, cuánto debes soportar!"

martes, 27 de marzo de 2018

PARAÍSO XX - PAGANOS EN EL PARAÍSO

A pesar de la regla solo alterada por Cristo cuando bajó al Hades (ver IV de Infierno), hay en el cielo, y precisamente en el cielo de los justos, dos paganos no mencionados hasta ahora.
Cuando el águila le nombra a Dante algunas almas que componen su imagen estelar, este se sobresalta por las referencias a dos de ellas, que están en la ceja del águila. No puede contenerse y pregunta: "¿Cómo es esto?", o "¿cómo suceden estas cosas?". Aun en el complejo lenguaje elusivo del águila, Dante comprendió que una de las almas es la de Trajano, y la otra, directamente mencionada, la de Rifeo, un personaje nombrado solo dos veces en la Eneida.
El águila ha de explicar, aunque en suma no sea convincente, por qué Dios hizo excepciones con uno al que ella llama cristiano "antes del padecimiento (de Cristo)" y otro que lo fue después, aunque sin saberlo. Este es Trajano.
Para justificar la ascensión del alma de Rifeo al alto cielo de Júpiter solo disponemos de la explicación del emblema imperial, es decir, de las propias voces de los justos que lo forman:

"todo su amor puso en la justicia,
y, de gracia en gracia, Dios le abrió
la visión a nuestra redención futura;

"de donde ella [el alma de Rifeo] creyó, y no sufrió
desde entonces el hedor del paganismo;
y reprendió a la gente perversa.

"Aquellas tres damas que tú viste [las virtudes teologales]
en la diestra rueda tuvo en el bautismo,
más de un milenio antes del bautizar.

De donde tenemos que Dios bautizó a Rifeo sin que existiera el bautismo en la tierra, pero seguimos ignorando las razones de que lo haya elegido entre seguramente millones de justos que vivieron antes de la era cristiana. El águila avisa entonces:

"Y ustedes, mortales, tengan contenido
el juzgar; que los que vemos a Dios
no conocemos aún a todos los electos;

Lo que significa que puede haber otros como Rifeo.

En cuanto a Trajano, emperador romano desde el 98 al 115, es tradición que San Gregorio, o Gregorio el Magno, papa y uno de los padres de la Iglesia, rogó tanto por el emperador en el siglo VI que obró el milagro de su resurrección por el tiempo necesario para que recibiera el bautismo.

El designio de Dios lo ignoramos, pero el de Dante parece basarse en el símbolo: a Trajano se lo recuerda como a un gran filántropo, ejemplo pagano del amor al prójimo, en tanto fue, como emperador, un constructor en Roma y en todas las ciudades del imperio. No hay mención histórica de ninguna iniquidad suya. Los historiadores lo aprecian casi tanto como a Augusto.
De Rifeo podría decirse que Dante -no la tradición- lo designó representante de los muchos justos anónimos que contribuyeron a la creación del imperio, quizá con una fe que ya existía antes de que el cristianismo la asumiera.
A Dante lo preocupaba que la tradición pagana quedara fuera de la glorificación católica, y estas excepciones a la regla tientan un límite teológicamente polémico.

lunes, 26 de marzo de 2018

PARAÍSO XIX - HABLA EL ÁGUILA

La inteligente política del cristianismo de fundar su iglesia en la capital del imperio romano produjo tal identificación de Roma con el poder material y espiritual que, simbólicamente, esa identificación persistía en tiempos de Dante.
De hecho, casi dos siglos antes había cesado formalmente la llamada querella de las investiduras, en la que se enfrentaron los príncipes del Sacro Imperio Romano-Germánico con el Papa, a raíz de la facultad de nombrar a los obispos que los reyes tomaban para sí, pero Roma y los príncipes no vivían en armonía ni mucho menos a fines del siglo XIII.
Aunque Dante tomó partido por la estricta separación de la Iglesia y el poder terrenal (Purgatorio XVI), mantuvo la identificación entre este y el cielo. Con dos agregados: si los gobernantes gozaban de la bendición celeste, debían ser justos. Y por el mismo motivo, sabios.
En este canto, el símbolo habla directamente. Las almas de muchos cuyos nombres aparecerán más adelante hacen el dibujo del águila imperial en el cielo de Júpiter, y el águila tiene la voz de todos:

Y lo que debo narrar en este punto,
no tuvo voz jamás, ni ha sido escrito
ni fue por la fantasía concebido;

que yo vi, y aun oí, hablar el rostro
y sonar en la voz el "yo" y el "mío",
cuando era el concepto “nos” y "nuestro".

(...)

Como en un solo calor muchas brasas
se hacen sentir, así, de muchos amores,
salía un sólo son de aquella imagen.

El águila, que representa el poder supremo (para Dante el imperio debía gobernar por sobre las naciones que apenas se delineaban, en una especie de pan-europeísmo precursor), declara su simultánea pertenencia al cielo:

Y comenzó: "Por justo y piadoso
estoy aquí exaltado en esta gloria
que no se deja vencer por el deseo;

"y en tierra he dejado mi memoria
tan consumada, que la encomia
la mala gente, sin imitar la obra".

Dante no se arredra en su afán preguntón. Luego de asombrarse y deleitarse, solicita del águila su respuesta a una cuestión teológica: si deben juzgarse como indignos del Paraíso aquellos que, nacidos en tierras lejanas (menciona el Indo como ejemplo) nada saben de Cristo ni del cristianismo. La índole de la pregunta coloca al águila en la posición de justicia y sabiduría que Dante consideraba necesarias para los gobernantes. Encubre, por otro lado, una lejana evocación de Virgilio y los otros grandes que no están en ninguno de los cielos porque nacieron y murieron antes de la edad cristiana y por lo tanto no pudieron ser bautizados. Entre estos, casi todos los líderes y profetas bíblicos (se recordará que en el IV del Infierno Virgilio le narra que Jesús hizo algunas excepciones y bajó al Limbo en busca de Adán, Noé, Moisés, Abraham, David "y muchos otros"). La respuesta del águila deja ver que las generales de la ley son inflexibles, sin embargo:

... "A este reino
no sube jamás quien no cree en Cristo,
antes ni luego que fue clavado al leño.

Cierto es que los pecadores siguen excluidos:

"Pero mira: muchos gritan ¡Cristo, Cristo!,
que estarán en el juicio mucho menos prope *
de él, como aquel que no conoce a Cristo;

* Latinismo por próximo.

Con esto, además de mantener la rima de Cristo con Cristo, el águila dice que las puertas se cerraron tan firmemente para los pre-cristianos como para los que se dicen tales pero fallan.

La lista de monarcas inícuos que hace a continuación el águila permite entender a quiénes se arroja el sayo. Se copia la resumida nota de la edición de Edhasa:

Se enumeran, hasta el final del canto, los males que registrará el volumen (el libro del Juicio): el primero, la devastación de Bohemia por Alberto, de los Augsburgo, en 1304. Luego: las falsedades de Felipe el Hermoso, quien murió durante una cacería, se supone que atacado por un jabalí; las luchas de los reinos de Escocia e Inglaterra; la vida lujuriosa de las cortes de España y Bohemia; las ambiciones de Carlos de Anjou, rey de Nápoles, el Cojo, que aspiraba al trono de Jerusalén y cuyas acciones buenas llevarán en el libro del Juicio la I romana, señal de que valen 1, y las malas, la M, que indica 1.000; la iniquidad de Federico II en Sicilia (la "isla del fuego"); las obras sucias del tío y el hermano de Federico, Jaime I y Jaime II, reyes de Mallorca y Aragón; los pecados de Dionisio de Portugal, Hancon VII, de Noruega, y Esteban II, de Rascia (en Serbia), que falsificó moneda veneciana, y la crueldad de Enrique II de Chipre, rey de Jerusalén entre 1285 y 1291, por la que se lamentan las ciudades de Nicosia y Famagosta.

domingo, 25 de marzo de 2018

PARAÍSO XVIII - LETRAS EN EL CIELO

El verso vigésimo primero del canto XVIII de "Paraíso" es uno de los más recordados de la Comedia: "ché non pur ne' miei occhi è paradiso" (que no sólo solo en mis ojos hay paraíso). Esta respuesta de Beatriz a la mirada de Dante, que se ha vuelto a ella luego de escuchar a su antepasado Cacciaguida, insinúa el regreso de la Beatriz terrenal, al menos para Dante, pero solo por un instante: el que se tarda en leer ese endecasílabo. En su papel de guía teológica y reclutadora de Dante para la tarea de recuperación de la Iglesia, Beatriz tiene que recordarle que queda mucho por ver, y si hubo un tono de seductora coquetería en la frase, en todo caso contribuye a subrayar el mensaje, ya que Dante se vuelve hacia nuevas luces que se avecinan.
Estas luces son apenas el prólogo de un colosal despliegue de luminarias que literalmente escribirán en el cielo el mensaje que Dante debe llevar a la tierra.
Josué, "el alto macabeo" que asedió y conquistó Jericó, es la primera luz que desciende luego de que Cacciaguida le anuncia que cada una de las que vea acudirá al trazo ysonido de su nombre. Josué, Carlomagno, Orlando y otros grandes paladines forman así una danza que constituye la despedida del quinto cielo, el de Marte, donde viven las almas de los guerreros.
Ya en el cielo de Júpiter, el de la justicia, el despliegue luminoso es realmente fantástico, porque las almas acuden para formar letras en el cielo, las cuales dicen en latín las primeras palabras del libro de la Sabiduría: "Amen la justicia los que gobiernan en la tierra". Escrito a pocas décadas de la era cristiana, Sabiduría es el más reciente de los libros del Antiguo Testamento, pero sus enseñanzas son puestas en boca de Salomón, el más sabio y justo de los reyes antiguos de la Biblia.

*

Otras luces descienden y modifican la forma de la M, y para comprender esa transformación es necesario imaginar el alfabeto en caligrafía gótica. De esta manera, la M asume primero la forma del lirio heráldico y enseguida la del águila imperial. Las interpretaciones sobre este fabuloso dibujo son como siempre diversas, pero coinciden en que el águila es la representación del antiguo y del nuevo imperio romano. Hay comentaristas que proponen además que la elección de la letra M también se debe a que es la inicial de la palabra monarquía, de donde la monarquía debe someterse al imperio, cualquiera sea. Por encima del lirio recién formado, el águila indicaría también que la monarquía francesa debía someterse al emperador, pero el lirio es asimismo el emblema de Carlomagno, el fundador del Sacro Imperio Romano Germánico, que sostiene al águila.

*

El canto termina con una admonición en clave irónica que parece dirigida al Papa:

Tú, el que sólo para tachar escribe,
piensa que Pedro y Pablo, que murieron
por la viña que corrompes, viven.

En cambio dirás: "Firme es mi deseo
sólo por aquel que vivió solo 
y unas danzas llevaron al martirio;
que no conozco al pescador ni a Polo".

La viña por la que murieron Pedro y Pablo no puede ser otra que la Iglesia. De este modo, el corrupto que solo escribe para tachar resulta el Papa. Dante supone la respuesta papal, en la que la figura de Juan el Bautista mencionada como "único deseo" es la que aparecía en la moneda florentina. El imaginario hablante dice no conocer ni a Pedro, al que llama "el pescador", ni a Polo, que era un modo familiar del nombre Pablo, devenido de la pronunciación cerrada de la palabra "Paolo".

PARAÍSO XVII - LA PROFECÍA SOBRE EL EXILIO

Dante se encuentra al fin con la profecía completa sobre su exilio. No será Beatriz quien se la diga directamente, como le auguró Virgilio en el Canto X de "Infierno", sino Cacciaguida, a quien Dante interroga, estimulado por Beatriz.
Cacciaguida le pronostica el exilio y quiénes serán sus primeros protectores. Se trata de la familia Della Scala, de allí la mención de las escaleras que subirá amargamente. El augurio es claro y no exige interpretaciones, salvo en los casos de alusiones muy indirectas de Cacciaguida, que son pocas.
Se copian por eso, más abajo, las notas de la edición de Edhasa referidas a este tema.
Al final del canto, Dante duda sobre su misión de narrar en la tierra lo que ve en el Cielo, como le pidió Beatriz en el cielo de la Luna.
Beatriz subraya la idea que movió su decisión de traer a Dante hasta el Paraíso: debe ser vocero de la causa de Dios. Le recomienda no dudar de ese destino, aunque algunos rechacen sus palabras. Y se lo dice con un giro simple y campechano:

Y sin embargo remueve la mentira;
toda tu visión haz manifiesta
y que se rasquen donde la sarna pica.

*

Siguen las notas principales de la edición Edhasa acerca del discurso de Cacciaguida:

En el Canto Décimo del Infierno, Dante ha escuchado, de boca de Farinata degli Uberti, la más clara de las profecías acerca de su destierro. Allí, Virgilio le ha aconsejado que sólo crea lo que le vaticine Beatriz; Dante interroga, motivado por Beatriz, a su antepasado Cacciaguida. Este le revela que su penuria está siendo tramada en Roma, "donde a Cristo día y noche tranzan". Los güelfos negros, de Donati, le impusieron el destierro en 1301, mientras esperaba en Roma ser recibido por el Papa.
La familia Della Scala, de Verona, aludida enseguida por su escudo, que mostraba el águila sobre gradas, y anteriormente en el "subir y bajar otras escaleras", dio protección a Dante. La mención del águila es anacrónica en el presente de la Comedia: los Della Scala no la tuvieron hasta 1311. El comentario canónico dice que el aludido como gran lombardo es Bartolomeo. El nacido bajo gran estrella (se entiende que Marte), que se menciona luego, es Cangrande, hermano de Bartolomeo, de nueve años en el tiempo de ficción de la Comedia. Sus virtudes se hicieron evidentes antes que el Gascón, el papa Clemente V, cuya llegada se espera en el infierno (canto XIX), engañara a Enrique VII -en quien Dante depositó esperanzas durante su exilio-, mostrándose primero benevolente y luego adverso. Cangrande fue vicario del emperador, y la familia incorporó entonces a su insignia el águila.

viernes, 23 de marzo de 2018

PARAÍSO XVI - VIEJA Y NUEVA FLORENCIA

El canto XVI sólo tendría interés documental si no reflejara, y revelara, el conflicto político y social que atravesaba Florencia, como otras ciudades del norte de Italia, en los años que coinciden con los de la madurez de Dante. La apropiación de la ciudad por los güelfos llamados negros, el papado a través del cardenal florentino y el francés Carlos de Valois significó una crisis no solo política sino también de clases que se ve reflejada en la confrontación de dos épocas a través del discurso de Cacciaguida. Este, a pedido de Dante, sigue hablando de la vieja Florencia y de sus antiguas familias y las compara con las actuales. En cada apellido que menciona se esconde seguramente una historia que para Dante y sus contemporáneos era conocida; pero la historia general que los abarca es la del desplazamiento de una burguesía artesanal por otra enriquecida mediante la usura y el fraude contra el Estado:

"Todos los que en aquel tiempo podían
cargar armas entre Marte y el Bautista, *
eran un quinto de los que ahora viven.

"Pero la ciudadanía, hoy mezclada
de Campi, de Certaldo y de Fegghine, 
pura estaba hasta en el último artesano.

* La estatuda de Marte convivió con la de Juan el Bautista, patrono de la ciudad.

Esto dice Cacciaguida, y más adelante:

"La arrogante estirpe que se endragona *
tras el que huye, y le muestra el diente,
o bien con la bolsa logra mansedumbre,

"se agrandaba ya, pero con los humildes,

* Se trata de una palabra creada por Dante: volverse dragòn

Puede verse en estos y otros versos que el canto no es solo una enumeración de antiguas y nuevos linajes, sino también un trasunto de la ideología de Dante, que había integrado el gobierno de la República florentina. Los priores (principales) de aquel gobierno eran elegidos por los gremios de artesanos hasta que llegaron las tropas güelfas y las de Valois, nombrado "pacificador" por el Papa. El sistema de producción que Dante antepone a la usura no podía menos que pertenecer al pasado en ese momento histórico, pero paradojalmente era también parte del futuro. Dante asimismo reivindica el imperio y culpa a la Iglesia, a través de Cacciaguida, cuando pone en su boca:

"Si la gente que al mundo degenera
no hubiese sido madrastra para César,
sino madre con su hijo más benigna,

"quien hoy, florentino, cambia y merca
se hubiese vuelto a Simifonti
donde su abuelo golpeaba cada puerta

Alude en estos versos al papado, que quiso imponerse sobre los príncipes, y lo hace responsable por el encumbramiento (¿empoderamiento diríamos hoy?) de familias que llegaron en esos tiempos a Florencia para especular y enriquecerse.
Así, el que parece el menos interesante de los cantos del Paraíso es una radiografía socio-política en el siglo anterior al del final de la Edad Media.

*

Dante, inesperadamente, vuelve a convertir a Beatriz en una chica florentina al comienzo del canto, cuando ella apenas puede contener la risa al oír que Dante le dispensa el tratamiento de vos a Cacciaguida. El vos como segunda persona del singular se usaba poco ya, al parecer, en aquel tiempo.

jueves, 22 de marzo de 2018

PARAÍSO XV - CACCIAGUIDA

Dante se encuentra con el alma de su antepasado más remoto, Cacciaguida degli Elisei (Florencia c.1091–Palestina, c.1148). La esposa de Cachiaguida dio en realidad origen al apellido Alighieri, según anotó Boccaccio, quien señaló que ella quiso bautizar con el nombre de pila de Aldighieri a uno de sus hijos, en honor al apellido de sus antepasados. De este modo, la familia de Dante recibió el apellido materno de su tatarabuela, pues el nombre se convirtió de nuevo en apellido en las siguientes generaciones.
Cacciaguida está tan anhelante por ver a su descendiente -cuya llegada le fue anunciada por el libro en el que las almas leen el porvenir-, que baja desde el brazo diestro de Cristo con la velocidad de una estrella fugaz.
El canto no se presta a muchas interpetraciones y solo requiere la información sobre personas y lugares mencionados.

*

Cacciaguida habla del pasado de Florencia no con nostalgia, sino para condenar la actualidad. Es un conservador, diríamos hoy, quien recuerda que dos siglos antes la llegada de una hija no causaba miedo ni inquietdud al padre, porque la dote -los bienes que se debían pagar al novio para concretar un casamiento- siempre podía ser pagada. Ninguno era demasiado rico, dice Cacciaguida -"no había casas de familia grandes"-, se abrigaban con "pieles sin forrar" y las mujeres no se pintaban. En su relato y comparación, las riquezas vienen acompañadas de corrupción moral, y si bien las mujeres estaban antes destinadas a tareas sencillas de la casa, tenían la seguridad de que no serían abandonadas en la cama por aventureros y donjuanes. Las mujeres, está claro, no hubiesen podido ser símbolo de la teología, como es Beatriz, bajo cuya sonrisa protectora dialogan Dante y Cacciaguida. El discurso de este representa la crisis de la baja Edad Media, cuando nace la burguesía que arrasará con la estructura del pasado ("Todo lo que era sólido se desvanece", diría Marx).
Cacciaguida, como militante de la fe, ya que fue un cruzado y murió en Tierra Santa, está en el cielo de Marte.

miércoles, 21 de marzo de 2018

PARAÍSO XIV - CRISTO

El canto XIV se abre en dos alas, la primera de la cuales parece meramente retórica. Beatriz, con la lógica aristotélica que la caracteriza, pero aplicada esta vez materialísticamente a un asunto doctrinario, dice que Tomás de Aquino podría haber respondido en el canto anterior a la cuestión de si el fulgor que tienen las almas en el Paraíso se mantendrá al volver las almas a sus cuerpos el día del Juicio Final, como lo indica la doctrina. En caso afirmativo, cómo será posible que esa luz no ciegue a los humanos como aquí ciega a Dante. Le responde una voz "del cerco menor", es decir, el de los doce sabios. La voz fue atribuida a Salomón por la tradición hermenéutica creada en torno a la Comedia. Los argumentos de la luminaria más luminosa de los doce sabios dicen entonces que esa luz es eterna y que los ojos de los bienaventurados estarán fuertes, porque su visión ha crecido a la par de su luz. Es la claridad del cielo que ellos representarán y llevarán consigo para siempre, y es justo pensar que los "órganos del cuerpo" tendrán la capacidad de ver el deleite que ya merecen.
*
En el acto casi, surge un tercer halo de luces que enceguecen a Dante, y en esa luz pierde incluso la visión de Beatriz. Entiende entonces que está viajando hacia el siguiente cielo, que es el de Marte, donde el planeta brilla con un rojo que no existe en la Tierra. Entonces ve en aquel cielo la imagen de Cristo en la cruz. Por tradición el nombre de Cristo no podía hacer rima con ninguna palabra, de manera que en general la poesía lo mencionaba en el interior de los versos. Dante hace algo distinto pero completamente lógico: escribe la palabra de manera que rime consigo misma, lo que sería un defecto para un estilista. Es por eso un acto de supremo homenaje: Dante sacrifica intencionalmente la supuesta belleza prosódica como ofrenda, y como tampoco encuentra palabras humanas para describir esa visión, sólo repite los sonidos del nombre:

Qui vince la memoria mia lo 'ngegno;
ché quella croce lampeggiava Cristo,
sì ch'io non so trovare essempro degno;
ma chi prende sua croce e segue Cristo,
ancor mi scuserà di quel ch'io lasso,
vedendo in quell'albor balenar Cristo.
[Aquí vence la memoria al ingenio:
en esa cruz relampagueaba Cristo,
tal que no encontraré término digno;
pero quien en la cruz lo sigue a Cristo,
me excusará ahora porque callo,
viendo en aquel albor arder a Cristo.
]

La aparición de Cristo en el cielo de Marte, el dios romano de la guerra y antiguo patrón de Florencia -creada por los romanos justamente como fortín- tiene explicación en que Marte será, en el diseño de Dante, el cielo de lo que ya ha llamado y seguirá llamando "milicia de Dios", con lo que designa a los que permanecen incorruptos.
Concluye explicando por qué sus ojos se apartaron de los de Beatriz. Y no solo los ojos, pues declara que ninguna otra cosa lo había ligado con tan dulce vínculo como la visión de Cristo. Esta, explica luego, ha hecho más sincero (puro) el placer que le da mirar los ojos de Beatriz:

Tal vez mi palabra parezca muy osada,
posponiendo el placer de los ojos bellos,
a los que mirando mi deseo halla morada;
pero quien vea que los vivos sellos
de la belleza más lo son cuanto más altos,
si yo no me había vuelto a verlos,
excusarme puede de lo que me acuso
para excusarme, y puede dar por cierto
que no se olvida al subir tal placer santo,
sino que se hace, subiendo, más sincero.
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martes, 20 de marzo de 2018

PARAÍSO XIII - SALOMÓN

Si alguien no supiera de la admiración verdadera de Dante por el aristotélico doctor de Aquino y su labia extensa y ordenada, podría pensar que este canto es una parodia. Lo es en sentido recto: no cabe duda de que imita el estilo del maestro. Difícilmente haya querido Dante una parodia caricaturesca. Por el contrario, su habilidad para hacer hablar a sus personajes de acuerdo con su carácter vuelve a medirse aquí.

*

El canto se abre con una elaboradísima imagen que incluye varias comparaciones, unidas con una no menos elaborada sintaxis de oraciones subordinadas o suspendidas -este modo de narrar de "llamada en espera" es muy propio de Dante- sobre las luminarias que rodean a Dante y Beatriz y el modo en que conciertan sus movimientos, girando un círculo en dirección contraria a la del otro, con una rapidez inconcebible en la Tierra:

Imagine, quien bien entender desea,
aquello que yo vi -y tenga la imagen,
mientras lo digo, como firme piedra-,

quince estrellas que en diversas zonas
el cielo avivan con tanta claridad
que vencen del aire cualquier traba;

imagine el carro al que la concavidad
le basta de nuestro cielo, noche y día,
que al volver el timón no se ve menos;

imagine la boca de aquel cuerno
que comienza en la punta de la vara *
en la que gira la primera rueda,

haber hecho dos signos en el cielo,
como el que hizo la hija de Minos, **
cuando sintió de la muerte el hielo;

y el uno y el otro cruzar sus rayos
y que los dos girasen, de manera
que fuese uno al volver del otro,

y tendrá casi la sombra verdadera
de la constelación y la doble danza
que circundaba el punto donde estaba,

pues tan distinta es a nuestra usanza
cuanto lo es el movimiento del Chiana ***
frente al cielo que adelanta a todos.

* El eje de la Osa Menor, según se deduce de la mención del Carro, el nombre de la Osa Mayor en el Zodíaco, más arriba. Se tiene así que las siete estrellas de la Mayor, más las dos de la Menor, más las quince que aluden a las de primera magnitud, según la astronomía medieval, dan las veinticuatro que giran en círculos concéntricos y que son los veinticuatro sabios mencionados en el Canto Duodécimo.

** Ariadna, cuya guirnalda Dionisio convirtió en constelación circular, según se supone del hecho de que Dante seguía a Ovidio en lo que se refiere a estas transformaciones.

*** Río de cauce cenagoso en la Toscana.

*

De esos signos vuelve a surgir la voz de Tomás de Aquino para explicar aquello de que el quinto sabio del Canto X no tiene par.
Comienza con una disertación sobre las formas diversas en que se constituyen los seres, aunque en todos ellos se trasluzca el sello divino, para que se entienda que, sin intermediarios, en Adán únicamente se pudo ver la plena "luz" (sabiduría) del Cielo. En el caso de Cristo, Dios mismo decidió darse esa forma, uniendo la naturaleza divina a la humana y ambas con el Espíritu Santo, de manera que también en Cristo la sabiduría era la de Dios sin ningún tamiz. El nudo del canto es la exposición de Tomás sobre el "tipo" de sabiduría del quinto sabio, que era un rey justo, por lo cual, unánimemente los comentaristas señalan que se trata de Salomón, el único rey que puede sentarse en ese trono, porque es mítico, es decir, bíblico (por otra parte, el Cantar de los Cantares era el himno nupcial predilecto en época de Dante, según Vandelli). Tomás distingue la sabiduría del gobernante que tuvo Salomón de las que pueden tener matemáticos y lógicos. Y en esto se ve aquello de que Dios deja traslucir su sabiduría a través de distintas "ceras" o formas. El final es una especie de moraleja que apela a metáforas y comparaciones -el pescador que sale a pescar sin saber su arte, los sabios que se perdieron en búsquedas inútiles, los ambiciosos que estiman la cantidad de grano antes de sembrarla- para reforzar por la negativa la idea de su propio proceder paso a paso hasta desentrañar una verdad. Curiosamente, el doctor de Aquino termina con una invocación popular: la de doña Berta y el señor Marino, que es como si dijéramos doña Pepa y don José, para personificar el sentido común que suele convertir los datos inmediatos en verdad permanente.

Se copia aquí la nota de la edición de Edhasa respecto de la necesidad de este canto:

Los comentaristas invariablemente señalan a Salomón como el aludido todo a lo largo de esta exposición, que en rigor es el fundamento de una sola idea vertida en el Canto Décimo, cuando sin nombrarlo Tomás de Aquino dijo que no tuvo "segundo" el quinto sabio. Es decir, que fue único en sabiduría. Explica ahora qué tipo de sabiduría tuvo Salomón que no hubiesen tenido Adán, nacido a semejanza de Dios, y Cristo, el propio Dios ("aquellos dos", mencionados poco más arriba). Tomás habrá de decir entonces que no es la sabiduría del filósofo ni la del geómetra, sino la del buen gobernante, la que se le concedió a Salomón o al rey que se quisiese ver aludido, y que en ese sentido puede decirse que no tuvo igual ni sucesor. Tomás tuvo que volver sobre sus pasos. Pero Dante, ¿por qué? Los comentaristas han tratado de despejar esta aparente incongruencia. Sin embargo, parece claro que Alighieri sólo volvió al tema para indicar el tipo de sabiduría que debía esperarse de un monarca, coherente con el pensamiento de Tomás de Aquino, quien en Del gobierno de los príncipes anotó: "Y si pudieran vivir a solas, como muchos animales, no necesitarán de otra ninguna guía, si no que cada uno fuera Rey de sí mismo debajo de Dios, sumo Rey, en cuanto por la lumbre de la razón, que de su divina mano les fue dada, se guiaran a sí mismos en sus acciones. Pero es propio al hombre el ser animal social..." Casi todo un canto dedicado a la cuestión no parece una anotación que no pudiera evitarse con sólo corregir un verso del Canto Décimo.

lunes, 19 de marzo de 2018

PARAÍSO XII - SANTO DOMINGO

La explicación de Tomás de Aquino acerca de por qué dijo que no tiene "segundo" (no tiene comparación) el quinto sabio del Canto X deberá esperar un canto más. Ahora, dos ruedas de luces giran y cantan de modo concéntrico. Desde allí se adelanta Bonaventura da Bagnoregio (1221-1274), general de la orden de los franciscanos, para hablar de Domingo, ya que -dice- Aquino habló tan bien de Francisco.
Bonaventura insiste en que ambos santos fueron traídos al mundo para enderezar y fortalecer doctrinariamente la filas de la Iglesia, la que -Dante lo ha dicho a todo lo largo de la Comedia- está corrupta y abocada a la doctrina formal y no a mantener vivo a Cristo y su doctrina.
Las dos órdenes tuvieron la pobreza y la austeridad como guías, pero los dominicos fueron doctrinarios al punto de convertirse en inquisidores. El principal de ellos en España, por ejemplo, fue Torquemada, en tiempos muy posteriores a los de Dante, durante el reinado de los Reyes Católicos en el siglo XV.
Dante menciona solo de paso el papel de Domingo en la persecución de la herejía, y destaca en cambio su crítica al enriquecimiento de la Iglesia:

"Y a la silla [el trono de San Pedro], que fue antes bondadosa
con los pobres justos, no a ella
sino a quien se sienta y la degrada,
"no dispensar dos o tres por seis,
no la fortuna de la primera vacante,
no décimas,
quae sunt pauperum Dei, *
demandó, sino contra el mundo errante
licencia para combatir por la semilla
de la que te rodean veinticuatro plantas.


* quae sunt pauperum Dei: que son de los pobres del Señor. Domingo pide a la Iglesia que no sólo entregue la mitad o la tercera parte de las dispensas de los pobres, o los beneficios de algún cargo, y que no les dé sólo el diezmo, que es de ellos, sino que lo autorice a combatir a fondo la herejía, cosa que así hicieron los dominicos.

*

Debe aclararse, para hacer justicia con Domingo, que tuvo un papel conciliador frente a la herejía cátara. El conflicto con los cátaros o albigenses que se habían hecho fuertes en la Provenza se extendió más de 40 años, en las últimas décadas del siglo XII y la primera del XIII. Los cátaros eran una orden de doctrina gnóstica y -mirada superficialmente- maniquea. Sus fundadores provenían al parecer de oriente y traían creencias vinculadas al hinduismo, como la de la reencarnación. Creían asimismo que en el mundo conviven dos mundos, uno material y el otro espiritual, y que el material, incluidos los cuerpos de los seres humanos, es enteramente del diablo. El proceso para desprenderse gradualmente del mal consistía en la depuración del mundo mediante el aislamiento, de modo que en sucesivas reencarnaciones el espíritu pudiese finalmente liberarse de su prisión carnal. No creían en la naturaleza humana de Cristo sino en que Cristo era una imagen -aparición- de Dios en el mundo humano. Por lo tanto, para ellos no tenía sentido la eucaristía.
Durante algunos años la Iglesia intentó persuadirlos y envió embajadas para establecer un diálogo. Domingo formó parte de esas misiones y creó un grupo especial de monjes que examinaran -de allí el nombre de Inquisición, tal vez- las proposiciones de los cátaros, mientras mantenían conferencias con ellos. La participación de Domingo no fue relevante ni efectiva, porque el conflicto dejó de ser doctrinal a comienzos del siglo XIII y pasó a constituirse en una cuestión militar y política. El papa Inocencio III, bajo presión del rey de Francia, Felipe II, y los barones del norte del país, terminó por autorizar la acción militar contra los cátaros, los nobles que los protegían y los habitantes de la Provenza, provocando un estado de guerra civil que terminó cuando el sangriento Simón de Montfort, que había asesinado a los 20.000 habitantes de la ciudad de Béziers y arrasado las villas fortificadas de los cátaros y feudales provenzales, derrotó a Pedro de Aragón, el rey español que era también señor de Montpellier, y lo asesinó. Montfort obtuvo Tolosa y Carcasona como resultado de su impiadosa cruzada, pero le duró poco: una rebelión en Languedoc terminó con su derrota y muerte.
Domingo no tuvo participación en esos crímenes, según está históricamente comprobado.
*
También en honor de los dominicos puede decirse que produjeron una figura como la de Bartolomé de las Casas, protector de los indios americanos y denunciante de su esclavización por los encomenderos españoles, y en desdoro de la orden, que una de sus más altas inteligencias, Giordano Bruno, fue quemado por el dictamen de una institución a la que los dominicos aportaron durante mucho tiempo su intransigencia doctrinal.

PARAÍSO XI - SAN FRANCISCO SEGÚN TOMÁS DE AQUINO

Dante retoma en este canto el discurso de Tomás de Aquino, la más alta autoridad de su tiempo en materia teológica. Hará una breve introducción, recordando las ambiciones y engaños de la Tierra mientras él contempla, acompañado por Beatriz, las luces del cielo:

¡Oh insensato afán de los mortales,
cuán defectuosos son los silogismos
que les hicieron tan bajo batir alas!

Unos tras la iura y los aforismos *
iban, y otros siguiendo el sacerdocio,
y otro a reinar por fuerza o por sofisma.,

y otro a robar, y otro a civil negocio,
otro en el deleite de la carne envuelto
se fatigaba, y otro se daba al ocio,

cuando, libre de todas estas cosas,
yo con Beatriz andaba por el cielo,
siendo gloriosamente recibido.

*

El doctor de Aquino recomienza su discurso adivinando dos preocupaciones de Dante sobre lo dicho en el canto anterior. Se refiere a las frases "adelanta el que no se extravía" y "no surgió el segundo". Comienza Aquino por explicar que en tiempos de extravío de la Iglesia surgieron dos que fueron principios, más que personas. Uno es San Francisco, que representa el puro amor y el desprecio por la riqueza; el otro, Santo Domingo, que es el principio del estudio.
Hablará primero de San Francisco y su enamoramiento de la pobreza en el momento en que comprendió que la pobreza está en el origen del cristianismo y se relaciona con el amor. El estado de pobreza resulta así un estado de revelación. Se remonta a muchos siglos atrás para enseñar que la pobreza, como una viuda, estuvo sola hasta que llegó el pretendiente (Franciso) que la desposó. Primero, fue compañera de Amiclates, aquel contemplativo pescador a quien quiso conocer Julio César y no se inmutó al escuchar la voz del emperador. Luego ascendió a la cruz con Cristo:

"Del primer marido separada aquella,
mil cien años y más, sola y oscura,
hasta que él llegó estuvo sin convite;

"ni vale oír que se encontró segura
con Amiclates, ante el sonido de la voz, 
aquella que a todo el mundo dio pavura;

"ni vale que constante fue y feroz,
tal que, cuando María quedó abajo,
ella con Cristo ascendió a la cruz.

“Pero, para que no sea confuso:
Francisco y la Pobreza en los amantes
entiende ya de mi parlar difuso.

Alude luego al santo Domingo, el fundador de la orden de los dominicos, y a las bajas que sufrió esa orden que también hacía voto de pobreza pero buscaba la riqueza del conocimiento doctrinal. Las riquezas materiales, inisúa Tomás de Aquino -que fue dominico- alejaron a muchos. Perseveraron aquellos que entendieron que avanza el que no se pierde. Lo dice esta vez usando la metáfora de la comida: mejor se alimenta el que no cae en vanidades.
Aquino deja al parecer para más adelante la explicación de la segunda frase, que refiere a Salomón: "no surgió el segundo".

* iura: latinisno. El derecho